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El Monasterio de Yuste

Monasterio de Yuste1

El origen del Monasterio de Yuste es un cenobio construido en 1507 a iniciativa de un grupo de vecinos de La Vera, cuyo objetivo se centró en dar cobijo a los ermitaños y, posteriormente, a la orden de San Jerónimo.

En el año 1556, el rey Carlos I de España y V de Alemania eligió este edificio para su retiro e inicio de su vida monástica. Esta decisión obligó a la realización de diversas obras para ampliar las escasas dependencias del monasterio y consideradas insuficientes para albergar al emperador y a su séquito de 70 personas.

Tras las obras, la casa se convirtió en un edificio de dos plantas, con cuatro estancias cada una, distribuidas alrededor de un patio interior. Las habitaciones del emperador se situaron junto al coro de la iglesia para que asistiera a los oficios desde su dormitorio, sentado en su litera por la gota que le aquejaba.

Al Carlos V le sobrevino la muerte el día 21 de septiembre de 1558 en el Monasterio de Yuste y fue enterrado en la iglesia, aunque, posteriormente, sus restos se trasladaron al panteón real del Monasterio de San Lorenzo del Escorial por expreso deseo de su hijo Felipe II.

El monasterio también vivió épocas de destrucción como durante la Guerra de la Independencia, cuando ardieron las dependencias del convento. Posteriormente, los Jerónimos fueron expulsados de Yuste por la desamortización de Mendizabal y el edificio se subastó. Así se inició la época de mayor declive por su abandono y deterioro. Sin embargo, no fue hasta 1949, cuando la Dirección General de Bellas Artes inició su reconstrucción respetando al máximo el diseño original.

El Monasterio de Yuste se compone de dos partes: el convento y la residencia del emperador. El convento cuenta con la iglesia, gótica y del siglo XV, y dos claustros (uno gótico y el llamado nuevo). La planta del templo es de una nave y de cabeza poligonal, que se comunica con el claustro gótico, de planta rectangular, con alzado de dos plantas y galerías cubierta por techumbre plana de madera.

Por el contrario, la residencia del emperador se caracteriza por su sencillez, en la que predomina el ladrillo, la mampostería y la sillería, y sin apenas elementos decorativos. Del mobiliario destaca la silla especial del monarca por su gota y el reloj de bronce y plata de Jeremías Metzger, de 1952.

Fuente: http://www.redextremadura.com